Las plazas ancianas

Plácida, discreta, agrietada por el sol, en apariencia irrelevante, existe una plaza cuya fundación no recuerda civilización alguna. Una plaza tan antigua que sólo con poner un pie en ella y contemplarla, uno comprende por qué fue la primera plaza de todas.

Sin embargo llegar a esa plaza es casi imposible.

En el camino hasta ella abundan laberintos cuya superación exige una paciencia infinita, abismos que sólo los más valientes pueden saltar, astutos enemigos que sólo pueden ser vencidos mediante meticulosos planes y complejos ardides, castillos derruidos cuyas hermosas ruinas atrapan al viajero en una espiral de nostalgia dejándolos atrapados allí de por vida, y largos y estériles desiertos de turba y polvo cuyo final no alcanza la vista.

Durante todos estos años muchos héroes han intentado llegar hasta esa primera plaza. Pero todos, en uno u otro momento, han caído en alguno de sus múltiples peligros.

Pero esta vez será diferente.

Esta vez vamos un ejército entero.

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Un Comentario

  1. Anónimo

    Incluso hasta aquí, a veces el silencio de la tarde se rompe con el eco infinitamente lejano de uno de sus gritos de mil gargantas tras un nuevo obstáculo superado… “¡Sí se puede!”

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